martes, 4 de mayo de 2010

pensamientos encadenados...

A veces nos apresa la vergüenza con su mano pesada como el hierro. Somos seres pequeños y rojizos, ardientes de vergüenza. Deberíamos liberarnos y ser verdes. Ser salvajes.
El hombre en su artificialidad intenta derrotar a la naturaleza que esta en su corazón mismo. Ese corazón verde.
Intentamos tapar las cosas que nos unen a la naturaleza como si fueran pecaminosas.

La mujer es más salvaje que el hombre, más natural. Está en constante crecimiento interior.
Interiormente está ligada con las mareas, con la luna, con la naturaleza.
la mujer personifica el misterio natural. Ya la adoraban los griegos. Su musa, su deidad.
Este misterio que desprende siempre ha sido la fascinación inconfesable del hombre.
Aun que la haya relegado y ninguneado, ha sido sólo por miedo. Como los niños que se niegan a mirar en el armario, por temor a ver algo horrible y monstruoso; cuando en el armario sólo hay misterio y un poco de imaginación ahí doblada...
Además la mujer da fruto como los árboles. Eso es lo más enigmático. En ese momento hay un campo gravitatorio alrededor de esa redondez lunar.
La mujer es fuerte, al contrario de lo que piensan algunos hombres. La mujer está en la enfermedad y en la muerte, plantando cara, con sentimiento, poniendo la otra mejilla. Esperando el revés de la vida.
Somos mucho más de lo que aparentamos en nuestra fragilidad. Somos capaces de romper nuestras entrañas por alguien a quien ni siquiera conocemos, pero que ya queremos.

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